Historia de la Orden

El Monacato de San Agustín

I.

La tradición monástica tiene sus primeros vestigios poco después de la conversión de Agustín en Milán, cuando él y algunos amigos regresaron a su Tagaste natal, regalaron sus posesiones y comenzaron una vida de oración y estudio como "siervos de Dios".

 

Reúne a personas de ideas afines para vivir juntas ... Permanecimos juntos e hicimos un santo acuerdo de vivir juntos en el futuro. En busca de un lugar donde podamos servirle mejor, hicimos los arreglos necesarios para regresar como grupo a África. (Confesiones IX, 8)

 

Ordenado sacerdote en 391, Agustín obtuvo el uso de un jardín en Hippo para construir un monasterio para su comunidad laica. Más tarde escribió una Regla para sus hermanos, inspirada en la comunidad cristiana de Jerusalén:

 

El propósito principal de que se hayan reunido es vivir armoniosamente en su casa, concentrados en Dios con unidad de mente y corazón. (Regla I, 2)

 

Cuando se convirtió en obispo de Hipona, eligió residir en su casa episcopal, pero continuó viviendo una vida comunitaria con su clero. Posteriormente se estableció un monasterio de mujeres dentro de la ciudad, que sacó a la luz tres formas de vida religiosa agustiniana: masculina, laica y clerical, y femenina.

El ideal de Agustín se extendió a otras partes de África. Varios de los hermanos fueron ordenados obispos y llevaron su monaquismo anterior a otras iglesias locales. En el África del siglo V, los monasterios de inspiración agustiniana sumaban aproximadamente treinta y cinco. Entre los años 430 y 570 este estilo de vida fue llevado a Europa por monjes y clérigos que huían de la persecución de los vándalos. Hacia 440 Quodvultdeus de Cartago lo trajo a Italia cerca de Nápoles. En 502 San Fulgencio de Ruspe llegó a Cerdeña. Donato y setenta monjes lo llevaron al sur de España hacia el año 570, y es posible que algunos monjes incluso hayan llegado a Francia.

 

La abundancia de manuscritos antiguos de la Regla de San Agustín muestra un interés constante por ella durante la Edad Media. Sin embargo, fue eclipsada por otras Reglas durante más de tres siglos, particularmente la Regla de San Benito. La Regla de Agustín aparece nuevamente en la práctica en la Europa del siglo XI como base para la reforma de los monasterios y capítulos catedralicios. Fue adoptado por los canónigos regulares de la abadía de San Víctor en París, los premonstratenses y los canónigos de Letrán.

Siglo XIII

II.

El 16 de diciembre de 1243, el papa Inocencio IV emitió la bula Incumbit nobis invitando numerosas comunidades eremíticas de Toscana a que se unieran en una sola orden religiosa con la Regla y forma de vida de san Agustín. El marzo siguiente, 1244, los ermitaños tuvieron el capítulo de fundación en Roma bajo la dirección del cardenal Ricardo degli Annibaldi y se llevó a cabo la unión. Así comenzó la historia de la Orden de San Agustín.

El Papa ordenó a los ermitaños toscanos que eligieran un prior general y que formalizaran unas constituciones. Desde entonces empezaron a ser conocidos como Ermitaños de la Orden de San Agustín.

La Gran Unión de 1256

III.

Un ulterior desarrollo se produjo el 9 de abril de 1256 con la bula Licet Ecclesiae catholicae del papa Alejandro IV. El Papa confirmó la unión de los Ermitaños del Beato Juan Bueno (Regla de san Agustín, 1225), los Ermitaños de San Guillermo (Regla de san Benito), los Ermitaños de Brettino (Regla de Ssan Agustín, 1228), los Ermitaños del Monte Favale (Regla de san Benito), y otras congregaciones más pequeñas con los Ermitaños Toscanos, dentro de "una profesión y regular observancia de la Orden de Ermitaños de S. Agustín".

La Gran Unión se llevó a cabo en en convento romano de la fundación toscana de Santa María del Popolo, nuevamente bajo la dirección del cardenal Annibaldi, con delegados que vinieron da cada convento. Lanfranco Septala de Milán, anterior superior de los Ermitaños de Juan Bueno, fue el primer prior general de la Orden, que abarcaba 180 casas religiosas en Italia, Austria, Alemania, Suiza, Países Bajos, Francia, España, Portugal, Hungría, Bohemia e Inglaterra.

La Unión de 1256 fue un paso importante en la reforma de la vida religiosa de la Iglesia. Por ello el Papa intentó poner fin a la confusión que se originaba por el excesivo número de pequeños grupos religiosos y canalizar sus fuerzas espirituales en un apostolado de predicación y cuidado pastoral en las naciones ciudades de Europa. Los Agustinos ocuparon su lugar como frailes mendicantes junto a los Dominicos, los Franciscanos, y, poco después, los Carmelitas.

El Movimiento mendicante del siglo XIII fue una respuesta revolucionaria a una situación también revolucionaria. La unidad de la Iglesia estaba amenazada otra vez por la herejía. Nuevos retos surgieron por los cambios sociales y económicos en la sociedad. Los frailes fueron enviados directamente a los centros de desarrollo comercial para predicar a las crecientes clases instruidas y llevar la espiritualidad evangélica al pueblo.

De esta manera, la identidad espiritual de la Orden tuvo dos fundamentos. El primero en la persona de san Agustín de quien recibió sus ideas sobre la vida religiosa, especialmente la importancia de la búsqueda interior de Dios y de la vida común. La segunda fue el Movimiento mendicante por el que la Orden de San Agustín llega a ser una fraternidad apostólica.